Javier Marías, autor de "Mañana en la batalla piensa en mí"

“Mañana en la batalla piensa en mí”, de Javier Marías, empieza de esta manera:

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda”.

No es una novela de humor, aunque la sintaxis dé la risa.

Lo de “nadie piensa nunca”, de entrada, suena mal. Y la buena prosa, no lo olvidemos, es una cuestión de oído, al igual que el verso.

Utilizar “nadie” y “nunca”, al igual que “todo” y “siempre”, es un recurso característico de los escritores carentes de recursos –estilísticos y lingüísticos, se entiende.

Sólo le faltó escribir “nadie piensa nunca nada”, pero entonces el libro le hubiera quedado autobiográfico y Marías va de novelista.

Pero vamos al contenido:

Lo que viene a decir –suponemos, aunque es imposible saberlo con certeza– es que nadie piensa nunca que llegará a tener una muerta entre los brazos. Esto, para empezar, es falso. Uno lo puede pensar y puede además masturbarse pensándolo. Hay casos.

Luego dice que tampoco piensa que no volverá a ver su rostro… Si ya la tiene muerta entre los brazos, ¿cómo es que no le da el magín para saber que habrá de enterrarla y, por lo tanto, dejará de ver su rostro? ¿O es que va a momificar a esa muerta impensable?

Lo de “cuyo nombre recuerda” cuelga patéticamente al final de la frase. ¿Cuándo lo recuerda, preguntamos nosotros, nunca? ¿Y quién lo recuerda, nadie, el nadie que piensa nunca?

Tampoco se entiende que escriba: “ir a encontrarse con una muerta entre los brazos”. Suena fatal. Oído, Marías, que estás sordo para la prosa.

Que un prosista tan lamentable se gane la vida en España escribiendo novelas ilegibles lo dice todo de este país, de su industria editorial y del criterio de los lectores.

De Javier Marías, sin embargo, no dice nada: él se pasa más horas escribiendo que un funcionario matasellando y lo hace con la misma elegancia, aunque con más pretensiones. Javier Marías se gana la vida descerrajando frases porque es lo que vio hacer a su padre, la viuda más pelmaza de Ortega y Gasset, el ínclito Julián Marías, y de un Julián ha nacido este julai: Javier Ma(jade)rías.

Majaderías vive empeñado en retorcer la sintaxis, estrangular la semántica y dormir a la peña a base de parrafadas interminables donde lo obvio se presenta como revelador.

El resultado, sin embargo, denuncia que a un individuo peor que mediocre no lo salvan ni el esfuerzo, ni la dedicación, ni las academias. A un artista lo salva la calidad de su obra o no es un artista.

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con un libro tan malo entre las manos y que ya no verá más sus páginas cuyo título quisiera olvidar”.

Las dos primeras líneas de su novela “Mañana en la batalla piensa en mí” son una síntesis perfecta de la escritura de Javier Marías: enrevesada, incorrecta, arrítmica, amusical, absurda… En fin, que he mandado el libro a tomar por el anacoluto.

Título: Mañana en la batalla piensa en mí
Autor: Javier Marías
Editorial: Alfaguara
Año: Octubre de 2000
432 páginas

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