En esta primera parte de la entrevista de Andrés Garrido a Luis Guillermo García, el periodista venezolano habla de la intrahistoria de su famosa anécdota con Jaime Lusinchi, en la que el expresidente de Venezuela le espetó un “¡A mí tú no me jodes!” que aún es recordado por muchos de sus compatriotas. Esto le lleva a desentrañar las luchas de intereses políticos y económicos en los medios de comunicación, que él prefiere llamar, más apropiadamente, medios de transmisión o difusión de mensajes.

El periodista venezolano Luis Guillermo García

Luis Guillermo García es un conocido periodista venezolano de radio y televisión. Se hizo popular como reportero de Radio Caracas Televisión (RCTV). Posteriormente, trabajó como director de Comunicación e Información de la Asamblea Nacional y como primer secretario de la Sección de Cultura y Comunicación de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay. Actualmente, se desempeña como locutor del programa de radio “Gente Despierta”, de La Mundial de Los Andes y la Radio del Sur. Es también corresponsal de la Agencia Venezolana de Noticias en Mérida (Venezuela).

PREGUNTA- En uno de tus twits dices que hay una larga historia detrás de la famosa anécdota en la que el expresidente Jaime Lusinchi te dijo por televisión: “¡A mí tú no me jodes!”. ¿Podrías contar esa historia de modo que sirva para comprender la situación informativa en la Venezuela de aquella época?

L.G. GARCÍA- Yo creo que buena parte de lo que pasó en este episodio con Lusinchi es expresión de la Venezuela que teníamos, o sea, es un síntoma pequeño de una sociedad ya carcomida. Detrás del episodio Lusinchi hay una serie de antecedentes que tiene que ver con la historia económica, política, social y cultural venezolana.

Primero, yo trabajaba en Radio Caracas Televisión (RCTV). Yo era reportero de uno de los canales más reaccionarios que ha tenido la historia de Venezuela. En un tiempo, fue prácticamente la única referencia visual de Venezuela y siempre fue un referente desde el punto de vista técnico, periodístico, comunicacional y desde el punto de vista político. Yo llegué a RCTV convencido de que era el mejor espacio para desarrollar mis expectativas dentro del mundo de la comunicación.

Todavía Chávez no aparecía por algún lado. La propuesta que conocemos hoy como Revolución Bolivariana, la Revolución Socialista Bolivariana, no existía. Nosotros vivíamos en una sociedad básicamente orientada por cómo los actores del poder económico se repartían la torta, entendiendo a Venezuela como parte de la torta, o la torta principal. Radio Caracas era uno de esos poderes económicos que pretendía tener su mejor posicionamiento dentro de esa repartición de la torta.

“¡A mí no me jodes tú!”, fue lo que dijo Lusinchi. Pero, cuando él dice eso, él prácticamente lo estaba diciendo a un espejo. La televisión se convirtió en un espejo porque me lo estaba diciendo a mí, que representaba en ese momento a un pendejo del pueblo, que tenía la oportunidad de ser reportero de televisión y con el cual la gente se identificó. Después de los episodios de corrupción en los que estuvo él involucrado, tuvo la arrogancia de maltratar a un reportero que estaba asalariado por otro arrogante como era, es, Marcel Granier [director general de RCTV]. La gente entendió en esa expresión que había una guerra de actores económicos y políticos donde el impacto lo recibió un humilde reportero de televisión, asalariado, como bien lo dijo Lusinchi, y con el cual la mayoría del pueblo venezolano se sentía identificado porque todo el mundo en Venezuela es asalariado y siempre ha sufrido las consecuencias de la arrogancia de los patronos y de los gobernantes arrogantes.

Yo creo que detrás de eso hay una cantidad de componentes semiológicos que pueden explicar por qué la gente recuerda tanto este episodio de Lusinchi como un episodio importante desde el punto de vista anecdótico. Fue una expresión de cómo se confrontaron los poderes económicos a través del poder político gubernamental, utilizando el escenario mediático como instrumento.

PREGUNTA- Explícanos entonces esa confrontación.

L.G. GARCÍA- Radio Caracas Televisión apareció en la dictadura de Marcos Pérez Jiménez [1952-58], en una dictadura militar, y duró cinco años en la dictadura de Pérez Jiménez, hasta que llegó lo que llaman la democracia representativa con Rómulo Betancourt [1959-64]. RCTV no sufrió las consecuencias de estar en el aire en una dictadura, al contrario, fue la dictadura la que le dio la concesión.

Peor aún, la empresa RCTV fue la pionera en el lanzamiento de la radio en Venezuela a través de 1 Broadcasting Caracas, 1BC, que después se convirtió en Radio Caracas Radio (RCR). ¿Y cuándo surgió esa concesión? En la dictadura de Juan Vicente Gómez [1908-35]. O sea, el grupo económico de William H. Phelps introdujo la radio en Venezuela.

Como empresario estadounidense, tenía como empresa en Venezuela la concesionaria Ford, entre otras cosas, y logró entender que si él introducía la radio en Venezuela, él tendría un mejor posicionamiento de carácter comercial. Entonces descubrió que el dueño de la RCA había posicionado la radio en los Estados Unidos de Norteamérica y que, a través del posicionamiento de la radio en los Estados Unidos de Norteamérica, también se posicionó la venta de los equipos receptores de radio, que es el negocio que haces tú cuando creas las primeras emisoras de radio en la historia: vendes los radios para que te puedan escuchar, y la publicidad que entra.

El nacimiento de la radio surgió como una propuesta de carácter mercadotécnico. O sea, no fue un medio para difundir mensajes constructivos para la sociedad, para que la sociedad pudiera tener una mejor información y tomar una decisión. No, la radio surgió en el mundo como un instrumento para hacer publicidad, para vender. Eso se trasladó a Venezuela.

El grupo Phelps introdujo la radio en Venezuela, creó 1BC para colocar sus aparatos RCA, de los que tenía la franquicia, y consiguió sus dos concesiones radioeléctricas en la época de la dictadura de Juan Vicente Gómez, una dictadura que duró hasta el año 1935.

Después, durante la dictadura de Pérez Jiménez, consigue el grupo Phelps la concesión de RCTV. Terminada la dictadura de Pérez Jiménez en el año 1958, Rómulo Betancourt llega a Venezuela y se da cuenta de que el único medio de difusión radioeléctrico que existe a nivel audiovisual es RCTV, el medio que había conseguido la concesión durante la dictadura de Pérez Jiménez, dictador que atacó con gran vehemencia a los adecos, a Acción Democrática [el partido de R. Betancourt].

Rómulo Betancourt, como político y como aspirante a ser presidente de la República, necesitaba otro medio. Entonces el grupo Rockefeller ayuda a financiar a Diego Cisneros la creación de un canal de televisión, cuya concesión se la entregaría Rómulo Betancourt como presidente. Rómulo Betancourt, siendo gobierno, le dio la concesión para un segundo canal de televisión a Diego Cisneros, el papá de Gustavo Cisneros. Así, Rómulo Betancourt y Acción Democrática tenían una plataforma para enviar su mensaje y protegerse ante cualquier circunstancia, porque Pérez Jiménez había caído pero los perezjimenistas seguían añorando su dictadura. Necesitaba un medio para la difusión de mensajes que le permitiera mantener la gobernabilidad. Para eso sirven los medios de difusión de mensajes radioeléctricos y audiovisuales, para mantener la gobernabilidad de un régimen.

Esta concesión en favor del grupo Cisneros marca una alianza estratégica entre los intereses fácticos norteamericanos, el gobierno de Rómulo Betancourt y un grupo empresarial que serviría de soporte a los intereses de toda esta gente, que es el grupo Cisneros. ¿Quién era el ministro del interior cuando Rómulo Betancourt le entrega la concesión al grupo Cisneros? Carlos Andrés Pérez, el que estamos enterrando hoy. El ministro policial, el ministro que mandó matar a más de un subversivo.

Entonces no hay ninguna casualidad. Todo está vinculado a unos intereses particulares.

Después, el gobierno de Raúl Leoni [1964-69], un gobierno de Acción Democrática que terminó una cantidad de izquierdistas como tú no tienes idea, miles de desaparecidos. Hay quienes dicen que la idea del Plan Cóndor nació en el gobierno de Raúl Leoni, pero no por Raúl Leoni, que era el presidente de turno de ese grupo económico-político que estaba empezando a tomar el control de un país como Venezuela, un país petrolero. Detrás de todo esto, Rockefeller era el principal empresario petrolero del mundo y se alía con un empresario y un gobernante de turno. No hay ninguna sorpresa en esto.

Venevisión, el canal del Grupo Cisneros, era el que tenía mejor posicionamiento en las relaciones con el gobierno. Pero detrás de la relación de Cisneros con el presidente de la república o con Acción Democrática no estaba el negocio de la televisión solamente, sino otros negocios, permisos para otro tipo de empresas, otro tipo de alianzas, de negociaciones. Y esto también lo estaba haciendo el grupo 1BC, el grupo de RCTV. Son empresarios que no solamente se preocupan por tener en pantalla un canal de televisión, sino una cantidad de alianzas económicas.

Siempre hubo lucha por el posicionamiento económico y por utilizar el poder político gubernamental como instrumento para eso. Financiaban campañas presidenciales, acomodaban candidatos de acuerdo a sus intereses y, al final, les pasaban la factura a través de ciertos mecanismos.

Una de esas facturas es justamente el régimen de cambio diferencial. Lo que llamaríamos ahorita Cadivi se llamaba de aquella Recadi. O sea, el gobierno creó un sistema para administrar los dólares.

Esta cantidad que llega a Venezuela de manera tempestuosa, como si fuera una tempestad de dólares por el petróleo, siempre ha generado un empresariado rentista. El empresariado venezolano no ha sido precisamente el más emblemático en cuanto a productividad. Siempre ha sido un empresariado que ha chupado la teta del gobierno. Y la teta del gobierno, cuando la chupas, lo que sale es dólares. Dólares llenos de manchas negras porque es petróleo. Ese es el mecanismo de productividad o de crecimiento económico del país y de crecimiento económico de los empresarios. Los constructores, toda esa gente que le presta servicio al gobierno, que es el que tiene los dólares, esos empresarios son los que han tenido mayor crecimiento. El crecimiento económico de Venezuela se ha medido por la cantidad de dinero que le ha entrado a poca gente por concepto de la renta petrolera.

Entonces Lusinchi [de Acción Democrática, presidente de Venezuela en el periodo 1984-89], ¿qué crees tú que hizo con el régimen de cambio diferencial para la administración de los dólares, si Cisneros era el que controlaba todas las trenzas del poder? Empezó a darles dólares a sus aliados y a secar las aspiraciones de dólares de sus enemigos. Y ya sabemos que RCTV era enemigo de Acción Democrática, o por lo menos una amenaza desde la época de la dictadura, y no le interesaba que, en el negocio de la televisión, prosperara el grupo Cisneros.

Así sucedió con otros medios de difusión. El mismo El Nacional cayó en la trampa de no conseguir los dólares preferenciales, los dólares baratos para poder importar papel, equipos electrónicos para la televisión, películas que necesitaban los canales para posicionarse.

Porque los canales de televisión compraban latas de series norteamericanas que posicionaban la conducta de los venezolanos para comprar determinados productos. Aquí, en Venezuela, hemos tenido una sociedad llena de mensajes que han condicionado la conducta pitiyanqui de todos, incluso yo. Aquí, mientras estoy hablando contigo, seguramente se me saldrá alguna expresión, algún gesto, alguna manera de hablar o alguna cosa que tiene que ver con la cultura pitiyanqui que tenemos en Venezuela.

Si ha habido una penetración, una transculturación en Venezuela, ha sido a través de los medios de difusión de mensajes.

Entonces, bueno, Lusinchi no le da los dólares a RCTV y RCTV actúa como tiene que actuar un canal que se cree poderoso: empieza a atacar al gobierno con sus medios periodísticos, con sus programas de opinión.

Yo fui reportero de RCTV y en RCTV sabían que yo tenía una tendencia hacia la izquierda. No era militante de ningún partido político. Lo que sabían ellos era que me gustaba la izquierda y que estaba en contra de los adecos y los copeianos. Esa verdad, que yo estaba en contra de Acción Democrática y Copei, la utilizó RCTV justamente para enviarme a eventos noticiosos donde yo podía atacar libremente a Acción Democrática y Copei.

Yo era el reportero de la comunidad, reportaba las denuncias de la comunidad. ¿Y por qué era el reportero de la comunidad? Porque RCTV, a la hora de presentar sus estudios de mercado ante las agencias publicitarias, ante los potenciales anunciantes, tenía que demostrar un alto rating y el alto rating se medía por los grupos no solamente A, B y C, sino también D. Y aquí en Venezuela, en la época en que yo era reportero de televisión, el 70% de la población era pobre. Un 40% era marginal, pero no dejaban de tener un televisor en su casa. Entonces, a la hora de hacer las encuestas de share y de rating, el canal que más se veía era RCTV porque tenía, entre otras cosas, telenovelas, tenía un noticiario como El Observador, que tenía dentro de sus ingredientes las noticias de sucesos, las noticias políticas, las noticias de la comunidad. Y yo era el reportero de la comunidad, el que reportaba los huecos de las calles, las tuberías rotas, las casas que se caían, las preocupaciones de los ranchos, de los cerros, de los pobres. Eso daba rating y permitía presentar unos cuadros interesantes a la hora de solicitar anunciantes. No en balde, el mayor anunciante que tenían los medios radioeléctricos en Venezuela era Procter & Gamble. Y el mayor medio que recibía la inyección de Procter & Gamble era RCTV. ¿Por qué? Porque vendían detergentes como Ariel, ABC, las cremas dentales y los jabones que son los que usa la mayoría de la gente para lavar su ropita, para bañarse. Obviamente, empresas como Coca-cola, Pepsi-cola y Polar también invertían.

Entonces necesitaban a un reportero que representara los intereses de la comunidad para que mantuviera el rating de ese medio de difusión. Esa competencia la tuvo RCTV con Venevisión mucho tiempo, o sea, ese posicionamiento con la clase popular, aunque Venevisión tiene otro esquema: el Sábado Sensacional, los programas concurso, también las telenovelas, otro tipo de mecanismos para atraer al público de escasos recursos económicos para que también le diera rating.

La realidad de Venezuela estaba condicionada por eso y, cuando ocurre el régimen de cambio diferencial y no le entregan los dólares a RCTV, RCTV reacciona contra el gobierno, ataca al gobierno, termina al gobierno.

Mucha gente no lo sabe pero, hasta la llegada de Chávez, en Venezuela tú no podías, como reportero de televisión o de cualquier medio, atacar al presidente de la República. Eso que tú ves ahora, esos ataques a Chávez, eso no se veía en contra de ningún presidente. Tú podías atacar al gobierno como una entelequia, o a un ministro, o a una gestión, pero decir que Lusinchi era borracho, corrupto, mujeriego, prostituto, eso no lo podías decir. O que tenía una barragana. A una mujer se le ocurrió decir por televisión que la primera dama era la amante del presidente y la botaron al día siguiente, no duró. Había un esquema en el que era imposible mencionar cualquier irreverencia contra el presidente porque era exposición del medio y exposición del periodista. Hoy en día, cualquier periodista de la oposición puede decir cualquier cosa del presidente, cierta o no, y no pasa nada. Se burlan del presidente como les da la gana.

En la época en que pasó lo de Lusinchi, Lusinchi ya era expresidente y RCTV pudo atacar a mansalva, con toda la furia del caso, a todo lo que representaba Lusinchi.

¿Y quién era el reportero que se la pasaba denunciando los desmanes de Lusinchi? Luis Guillermo García, en RCTV. Era fácil para mí cubrir las noticias que tenían que ver con atacar a Acción Democrática y especialmente al gobierno de Lusinchi.

Cuando él llega a Venezuela, él viene cargado de una aureola de mierda, pues. Venía como el hombre más odiado de Venezuela por su prontuario policial y no por su curriculum presidencial. Él vino a defenderse de los ataques mediáticos y los reporteros atacábamos sin piedad a Lusinchi con preguntas que lo vinculaban con su expediente negro.

Yo, cuando llegó el feliz comentario, estaba tratando de jugar con un cuadro de Lusinchi que utilizaron en la campaña, donde él era la propuesta más alegre que tenían, y él estaba delante con su cara desvencijada, porque estaba maltratado por los ataques. Yo estaba tratando de combinar ese fondo con su rostro real y él mordió, se dio cuenta de que yo estaba montándolo en una olla periodística y, antes de que yo pudiera emitir ningún comentario, se acercó y me dijo: “¡A mí tú no me jodes!”. Entonces ocurrió que él, tratando de impedir que yo lo jodiera, se jodió solo, como el sapo que salta la estaca y se ensarta. Después se dio cuenta de lo que había hecho y empezó a decir cosas muy interesantes: que no era contra mí el ataque, sino contra Marcel Granier, que había sido quien le había metido películas de contrabando porque había evadido los trámites aduaneros al no conseguir los dólares preferenciales. O sea, empezó a decirle a Marcel Granier lo que realmente había pasado: que, durante su gobierno, él había impedido la entrega de divisas a RCTV y RCTV lo atacó.

Por eso yo fui utilizado por RCTV para atacar a Acción Democrática y al gobierno de Lusinchi. Pero, bueno, yo no tengo ningún problema. Yo estaba dispuesto a hacerlo porque yo estaba en contra de ese tipo de gobierno. Yo estaba buscando otro tipo de realidad para Venezuela. Mientras Marcel Granier atacaba a los adecos por sus intereses económicos, yo atacaba a los adecos por mi interés político y social.

Por eso yo coincido en este evento con Lusinchi y con los intereses de Marcel Granier con los dólares. No eran los dólares mi interés. Mi interés era mostrarle al país que teníamos unos gobiernos de mierda y que había que atacarlos. Estos empresarios sabían lo mismo que yo sabía, sólo que utilizaban a esos gobiernos de mierda para sus intereses particulares.

Bueno, eso fue lo que pasó con Lusinchi, una demostración de que, detrás de una expresión tan simple como “¡A mí no me jodes tú!”, hay una historia de intereses económicos, de intereses políticos, donde el poder económico ha manejado al poder político gubernamental y un humilde reportero, que quiere crecer dentro de su profesión en un canal de televisión capitalista, pues sencillamente está dentro de un universo de verdades que mucha gente no conocía.

Las anotaciones que aparecen entre corchetes han sido añadidas por Andrés Garrido para facilitar el entendimiento de los contenidos. La segunda parte de las cinco en que se ha dividido la entrevista puede leerse aquí: “La transformación cultural venezolana”.

Esta entrevista con Luis Guillermo García tuvo lugar en la ciudad de Mérida el día 05 de Octubre de 2011.

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