Decía el director de cine Alex de la Iglesia que en castellano no hay una palabra para designar el sentimiento de asco y pena simultáneos que él refiere con el neologismo “ascopena”.

Así aparece definido el término en su novela “Payasos en la lavadora”:

“’Ascopena’ es asco, repugnancia mezclada con pena, compasión, con la tristeza de saber que eso que tienes delante existe y que tú no puedes hacer nada por remediarlo, o no te apetece hacer nada por remediarlo. Algunos sienten miedo y asco. Yo siento asco y pena.”

Escribía Francisco Umbral –hoy estamos pedantes, aunque ahora parafrasearemos de memoria– que todo se puede describir con palabras y, cuando no, pues se las inventa.

Si uno lo piensa detenidamente, se apercibe de que “ascopena” es un sentimiento propio de la madurez. En la juventud uno es más propenso al odio, al amor, al asco y a la pena, por separado, como sentimientos perfectamente delimitados y viscerales.

Pero con los años y las decepciones, uno aprende que las cosas no son blancas o negras, aunque tampoco grises. La vida no es una inmensa zona gris, como nos quieren hacer creer los grises de ninguna inmensidad. La vida es blanca y negra, a la vez, confusamente, y ese es el drama.

La gente que da “ascopena” es la que no tiene remedio en su miseria intelectual y moral, en su limitación por la bajeza, en su aferrarse sin contemplaciones al aquí y ahora de su nada, es decir, en su negativa deliberada a adoptar la perspectiva necesaria para vivir en el mundo, que es la que apuntó Baruch Spinoza: sub specie aeternitatis (bajo el punto de vista de la eternidad).

Pero si “ascopena” no existía en castellano tal vez sea porque es un término que ha devenido necesario e inevitable para designar un sentimiento propio de la época que nos ha tocado vivir: una época donde los adelantos tecnológicos no redundan en beneficio de la humanidad, sino al contrario. Hemos tocado techo, pero para quedarnos sin casa.

Ejemplos hay para dar y tomar: desde el armamento más sofisticado hasta la acumulación de riqueza, pasando por la miseria incomprensible de escamotear productos culturales obligando a pagar por lo que podemos obtener gratis. La cultura la construimos todos, el armamento no debería ser de nadie y la acumulación de riqueza es la acumulación del dolor.

Hay gente que empieza dando asco y termina dando pena. Hay gente que empieza dando pena y termina dando asco. Pero hay gente peor: los que terminan dando “ascopena”, ese sentimiento desesperanzado ante un apocalipsis económico y social donde sólo quienes tiendan la mano al prójimo serán salvados para la eternidad hacia adentro de un segundo.

Fue Miguel de Unamuno, tal vez, quien dijo que un segundo es eterno hacia adentro y entenderlo es empezar a vivir –aunque sea a vivir con “ascopena”.

Tagged with:
 

Comments are closed.

"Courage is not the absence of fear at all. Courage is the intellectual master of fear by understanding." JULIAN ASSANGE